Sobredosis - segundo cierre
Sobredosis. Como el libro vacío y superficial de Fouguet.
Cuatro lucas me costó el infame en una vieja librería de
Valdivia… “tan barato”, pensé apenas lo vi, y como buena compradora compulsiva
de la literatura “bien catalogada”, no lo pensé dos veces y lo llevé, sin antes
pensar que luego de haberlo leído lo detestaría, lo encontraría barato, como su
título, las drogas y el pensamiento weón de la ignorancia.
Sobredosis, es lo que tú me causas.
Aún intento borrarte de todas mis tardes solitarias pegadas
al pc intentando escribir un par de versos lastimosos, un soneto desgarrador, y
un micro cuento descolocado de la sociedad actual, desorientado de lo
cotidiano. Aun intento borrarte de todas mis caminatas mañaneras, y de las
letras sonoras que retumban en mis oídos mientras observo el paisaje, mientras
camino sin ningún destino, solo para olvidarte, o pensarte, en el más absoluto
error de lo dañino. Aun intento sacarte de mis pensamientos nocturnos, cuando
planeo mi vida entera en cosa de segundos, cuando recuerdo todo lo que
queríamos, todas las notitas que nos dejaríamos al despertar junto al desayuno
y todas las plantitas que le darían vida a nuestro hogar. Aun intento sacarte
de mi vida, y me cuesta tanto.
A veces me culpo por haberte dejado entrar, por creer que
esta vez las cosas serían distintas, y que todo el amor que estaba dispuesto a
dar no sería desechado, ni violentado. Pero, ¿Y qué iba a saber yo?, si de lo
único que podía estar segura era del amor que te tenía.
Aún intento borrarte, pero… ¿Acaso alguien nos enseña a vivir
el dolor? ¿Acaso alguien es capaz de sanarlo?
No lo sé, y cada día me esfuerzo por averiguarlo, por
encontrar algo, alguien, lo que sea, que me haga volver a empezar, ¡pero no hay
nada!, nada parece alcanzarte, nada parece poder borrar todo lo que alguna vez
me diste. Y que triste corazón, que triste como lo bueno se tiene que ir, como
las sonrisas se transforman en lágrimas ofuscadas por la falta de respiración y
el inquietante deseo de querer que nadie nos vea, que nadie nos descubra, que
nadie se entere de que sufrimos, de que somos personas.
Aun lo intento, en serio, lo prometo.
Pero me cuesta tanto.
(Sobredosis es lo que tú me causas.
Y yo fracaso, fracaso,
En el fallido intento de querer seguir).


Muy acertada reflexion. en algun momento decidimos despertar del anhelo ilusorio de esos deseos
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