¿En qué momento decidimos no valer nada? ¿Qué tan importante se vuelve no tener nombre? ¿Cuál es el momento en que socialmente somos vistos como objetivos, aunque nosotros nos sintamos más vivos que el sol? A veces, cuando nuestra mente está tan acostumbrada a sufrir decepciones y toneladas de mala cuea en el amor, el producir orgasmos de color fucsia y fornicar se vuelve un escape, y fomentar la libido se vuelve el mejor de los remedios, pero siempre respetando el limite del no-amor, siempre siendo efímeros amantes, clandestinos, ante la más fuerte atracción sexual que tengamos. Y eso me pasa con Pestañas, lo confieso, eso me pasa con su cuerpecillo traidor que me deja deseando tenerlo por siempre dentro mío, haciéndome gemir, dándolealgún sentido excitante a la monotonía de mi vida, y no lo entiendo, no sé cuando se volvió tan satisfactorio estar cerca de él, fornicar y besar su boquita como si el mundo se acabara, ¿cuándo se volvió tan estimulante sentir su orgasmo cerca de mi oído?...
No sé cuando se volvió tan candente tocarnos, y volvernos uno.
Tocarnos y fingir conocernos, por un instante.
Tocarnos, y curar ahí, en el momento, todas nuestras heridas.
El amor es solo otro síntoma de la soledad, y a veces es mejor evitarlo, y solo sentir placer, disfrutar el acto, y abrir las piernas.
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