Las piernas ganan

18:34 Lua 0 Comments

Entre copas y copas,  tu mirada nerviosa, de hombre hambriento en busca de la presa perfecta, y mi calentura provocada por la exaltación del alcohol en mi cuerpecito juvenil, no pude evitar fijarme en ti. 
Unas pestañas largas y ojos grandes color marrón, con la nariz tosca pero delgada, y unos labios de rosa que solo tu bigote y barba de modelo de revista 2016 podían lograr adelgazar. Me pareciste conocido al ver tu rostro entre la gente y tu cuerpecillo de universitario pobre pero rico de apariencia, y solo después de salir de aquella resaca que me había provocado esa noche, pude comprender, que mis suposiciones eran reales... te había visto, y te había encontrado igual de mijito rico que en mi estado de ebriedad, pero la condena de que fueras un familiar de la fraternidad amistosa me prohibía de cierto modo acercarme a tu cuerpecito y me obligada a cerrar mis piernas ante tu obstinado deseo. 
Pero claro, quien se acuerda de las reglas no compartidas, las habladurías sin importancia, y los acuerdos que de cierto modo nunca fueron unánimes cuando uno se encuentra, primero, bajo los efectos del alcohol, que no son menores, segundo, en un ambiente de pura distorsión y locura, porque caballeros, el pudor ya no existe en este siglo, y tercero, con la libido por el cielo, y la calentura entre tus muslos. 
No bastó mucho tiempo, ni joteos baratos ni faramalla para terminar entre sus piernas, en un baño que no era el mío, en una casa que no era la mía, con un hombre que no conocía, y que tampoco me preocupaba saber de a dónde venía, ni quién era, ni qué hacía. Solo, y lo único más importante en ese momento, era tener su miembro dentro de mí, era sentir su alma vacía, llena de cicatrices y enfermedades que arrastraba por la vida saciar un poco el deseo que venía de hacía tanto tiempo y cumplir la única y exclusiva función de aquella noche: follar como si no hubiera un mañana, fornicar mi cuerpo como si el mundo terminara de existir, y acabar, acabar, cuando el sol amaneciera desde las entrañas del pueblo. Solo ahí, en aquél momento, él se volvía más importante que incluso mi propio cuerpo y prostitución, y no necesito que me paguen para hacerme llamar puta.
Ni ofensivo, ni violento, ni indecente. 
Dueña de mis acciones, yo decido lo que entra, y quién entra y sale de mi cuerpo.
  
Las piernas ganan, y en dos segundos tu cuerpo chocado a la pared me sostenía, desde las nalgas rosando tu pecho en un sin fin de movimientos que solo podían agitar más y más mi deseo de comerte, de hallarte vivo en la culminación del orgasmo y tragarte, tragarte hasta la última gota de alma que pueda llenar todos mis vacíos pensamientos erotomaníacos y mi candente cuero de perra ingrata, hija de los sabores corporales y dueña de los orgasmos reales. 
Las piernas ganan, el sexo triunfa y aún tengo tu palma marcada en mi entrepierna. 

0 comentarios: