primer cierre del ciclo
Quisiera decir que todo lo que voy a escribir aquí es subalterno a lo que he escrito durante un año en mi plataforma de instagram, pero pienso, que quizá no es tan así, que los cambios marcan la diferencia (Cambios: acción modificadora detestada por el ser humano. Aborrecida y descartada de toda idea mental y de todo corazón fortuito saturado de un amor despechado acabado de terminar) y que no por eso tienen que ser malos, y eso me asusta. Me da miedo. Toda la vida ha habido algo que me ha dado miedo, lo admito, pero esta vez, ¿qué es?A veces no proceso la idea de que mi corazón solterón y rebelde encuentre nuevos cobijos, nuevos placeres, nuevos lugares que no dependan de tu compañía, de tu vocecita distrayéndome del canto de los pájaros y de tu boquita interrumpiendo cada palabra que intento decir con un beso. Porque eso pasa, y a veces me resulta bastante raro, (¿o no tanto?), comenzar a vivir y sentir que una partecita de mi aún está contigo… en los árboles, en las calles, en las sábanas, en los sueños.
Todo lo que es ahora, puede que sea mejor que ayer, todo lo que soy ahora, puede que sea mejor que ayer, ¿Por qué?, no sé, solo lo sé, y creo firmemente que el no tener una respuesta para esta libertad encasillada por tu indiferente e inexistente aprobación es lo que causa que a mí, como ave fénix intentando renacer de las cenizas, se me caiga una alita, se me caiga la mitad de mi yo.
“Puedo ser tan feliz y exitosa como yo quiera, pero sin ti”. Esa es la cruda, egocéntrica y triste realidad, pero conste, aquella frase sale de mis dedos en contra de mi voluntad, dado que no lo digo yo, sino mi subconsciente, el honesto delator y mi despertador de todos los fines de semana a las siete treinta de la mañana.
Y así, volvemos a lo mismo: el cambio muchas veces es inaceptable y desechado por las personas, por mí, y podría atreverme a decir que a pesar de todos los triunfos existenciales que he tenido sin tu presencia en mi vida, aún queda algo, eso que me retiene, que no me deja dejarte ir de mi lado, porque a veces, solo a veces, me gustaría chocar la copa contigo, reír, besar tus labios, y brindar por el anhelo cogido.
El cambio es necesario, y el mundo lo sabe, pero nadie quiere admitirlo.
“Me asusta, porque no quiero.
Me asusta, porque nunca quise que me perdieras de esta forma.
Me asusta, porque nunca pensé, que dejarte perderme, me dolería tanto”.
Lo pienso, y así fue, así es.
Patada de fuego en mi corazón polluelo, me armo de valor y fortaleza, prendo la antorcha color violeta, y continúo.
Aunque cueste y el viento pese.
Continuo, y escribo,
Que para saciar todos los males tengo mi pluma.

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