Decepción de la violencia académica
Ayer me arrebataron a las dos personas que más quería y admiraba de mi escuela (probablemente a las que más he admirado en mi vida).
Hoy me dejaron sin alitas ni ánimos para continuar en este término de escolaridad que en algún momento pensé que podía llegar a ser acogedor, que podía llegar a brindarnos un cálido adiós, y me atrevo a decir que todo me parece más violento que ayer, más repugnante, más indiferente.
Y todos me parecen más hipócritas, absurdos, idiotas.
Hoy no sé como seguir, no sé cómo enfrentarlo. No sé cómo llegar el otro año y hacer como que no ha pasado nada cuando todo me parezca desconocido, malamente nuevo.
Siento la soledad saliendo de la penumbra del mal hecho (o mal hechas...), y me veo ahí, solita, sin nadie que me guíe, sin nadie que comparta sus pasiones literarias conmigo, sin nadie que disfrute del chiste intelectual, ñoño, y que me haga cómplice de su cobijo, de su conocimiento.
Y tengo rabia, rabia con el mundo, con la injusticia y el cinismo.
Rabia con el interés, la moneda y el poco sudor.
Rabia con quienes no respetan el trabajo, el valor y el arte.
Por quienes no tiene tan abierto el corazón.


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