Rutina de una momia
sentarse a esperar que la mente te brille
que te surjan palabras
y que el paladar haga una fiesta
una sopa de letras,
un festival de luces
y carnavales de poesía
es vivir la frustración de manera
obediente, en estado solitario,
con enfrentamientos y angustias,
es sentirse
sentarse
a morir
a sangrar
a escribir toda la mañana
para borrar el único e inservible
párrafo que salió de tus dedos,
que te hizo respirar y vivir por
un lapsus de dos minutos entre
cubos de hielos quemapiel,
que te dio el chantilly del helado
y que como idiota
Te lo comiste.
Y entonces, me reviento el cráneo,
miro el teclado, todo polvoriento,
con mi café en mano
con el vicio en la garganta
sin importarme nada
porque las letras me matan
y porque el vacío me mata,
y porque un poco más de cafeína no podría matarme
ni dejarme más cadavérica de lo que estoy por dentro
ni quitarme más nutrientes de los que me he quitado
mirando las infusiones de té y a mi cafetera chupasangre
que me coquetea por lo aires,
que me dice trágame, lámeme,
hiérveme
hazme el amor
en este mismo instante
tócame las historias
y todas las calles
que me cogí
hazme el amor
en este mismo instante
tócame las historias
y todas las calles
que me cogí
yo te despierto
yo te despierto
yo te alejo de todo eso,
de todo el mal tiempo perdido
de las mañanas rutinarias
con pies de momia
con un lápiz en la mano que no tienes
que no tiene ganas de ser usado
con unos ojos anoréxicos
ojerosos
y somnolientos
de la momia rutinaria
de la palabra envasada
de que el papel no grite
¡mamita sálvame,
úsame, estoy aquí!
Siéntate a morir en lo que más te gusta
amárrate al papel que más te cobije
arranca la raíz de dónde menos te duela,
que peor no puede ser,
que de otra forma no es,
que el pozo de las ideas
se alimenta,
del mal tiempo,
se alimenta de todo esto,
se alimenta de tu dolor.




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